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Japón es un país que ha experimentado una gran cantidad de desastres naturales y se han convertido en una de las naciones mejor preparadas del mundo. Cuando se compara la cantidad de desastres que han afectado a la nación, más la densidad de la población y se compara con la tasa de mortalidad, los números son sorprendentemente pequeños. La capacidad de innovar, invertir, educar y aprender de los errores del pasado ha convertido a Japón en un país del que todo el mundo debería de aprender.

Un poderoso sismo paralizó esta mañana a la isla de Hokkaido en el norte de Japón y causó la muerte de al menos 9 personas, además de provocar deslizamientos de tierra y derribar cables de energía eléctrica que dejaron sin electricidad a unos 5,3 millones de residentes.

En Japón, todas las casas están construidas para cumplir con los rigurosos estándares a prueba de terremotos establecidos por la ley, que también se aplica para escuelas y oficinas, alrededor del 87% de los edificios en Tokio son capaces de resistir los terremotos, construidos sobre teflón, que hace que los edificios se muevan con el impacto, y otras que cuentan con bases infladas, de goma o llenas de fluido, para absorber choque.

Todos los teléfonos inteligentes en Japón están instalados con un sistema de alerta de emergencia por terremoto, sl sistema canta “¡Jishin desu! Jishin desu!”, “Hay un terremoto”, hasta que se detenga.

Trenes bala listos para terremotos, los shinkansen tienen sensores que se activan para congelar cada tren en movimiento en el país si es necesario.

Kits de supervivencia de terremotos, con equipos de primeros auxilios, agua embotellada, raciones de alimentos, guantes, máscaras, hojas de aislamiento, antorchas e incluso radios que transmiten actualizaciones periódicas.

Una de las hazañas más impresionantes de la ingeniería es el poco conocido túnel de descarga de agua de Tokio, ubicado en las afueras de la ciudad, debajo de un campo de fútbol y patinaje. Este gran túnel oculto recoge las aguas de inundación causadas por desastres naturales como ciclones y tsunamis y redistribuye de forma segura el agua en el río Edo. Tomó 13 años construirlo y costó 3 mil millones de dólares.