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Algo pasa en el cerebro cuando miramos un cuadro, la experiencia nos refresca y cambia, nos hace más creativos y abiertos al aprendizaje, nos sentimos menos fatigados mentalmente, es como si nuestros cerebros estuvieran preparados para disfrutar del arte.

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Por más tiempo que ha existido la palabra escrita, los humanos han creado y mirado imágenes dibujadas en las paredes con la esperanza de invocar algo, historia, asombro o recuerdo. Hace 40 mil años, las bestias pueden haber sido dibujadas con la esperanza de que se hubieran vuelto más comunes, o tal vez esas imágenes fueron obra de antiguos chamanes, tratando de explicar alguna visión espiritual misteriosa.

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No sabemos exactamente por qué empezamos a hacerlo, pero persistimos en hacerlo hasta nuestros días, y aunque solo podemos teorizar sobre lo que nos inspiró a comenzar a hacer arte, la investigación moderna nos ayuda a entender algo sobre lo que está pasando en nuestro cerebro cuando lo vemos ahora.

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Un estudio de la revista Brain and Cognition examinó la investigación que los neurocientíficos han realizado al escanear los cerebros de las personas que miran pinturas, en algunos casos, se les pidió a los sujetos que evaluaran el trabajo que observaron, en otros solo observaron. Ver pinturas provocó respuestas en las regiones del cerebro asociadas con la comprensión visual y el reconocimiento de objetos, como podría esperarse, pero la visualización de obras de arte también estaba conectada a actividades asociadas con emociones, pensamientos internos y aprendizaje.

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Otra investigación nos dice más acerca de cómo el arte puede cambiar la forma en que vemos el mundo. En el programa de mejora de personal de Business Insider, una asignación implica pasar tiempo en un museo, pero el objetivo no es solo tener una tarde divertida. Después de visitar un museo de arte, los estudiantes muestran habilidades de pensamiento crítico más fuertes y son más tolerantes socialmente, los programas de arte, más generales, pueden ayudar a los adultos mayores a mantenerse saludables y evitar el deterioro cognitivo, aunque se necesitan más estudios en el área.

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Según una investigación de la Universidad de Queensland en Australia, visitar un museo puede aliviar la fatiga mental y restaurar la capacidad de enfocarse de la misma manera que se hace al aire libre, pero en general, ir a un museo es buscar novedad, lo que hace que el cerebro esté abierto al aprendizaje. Esto no solo proporciona beneficios cognitivos duraderos, sino que también está conectado a uno de los rasgos de la personalidad: Apertura a la experiencia, este es el rasgo más asociado con el logro creativo.

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Exponernos al arte ha sido parte de la experiencia humana durante miles de años y ha tenido efecto en nosotros. Maria Popova de la fundación de National Endowment of the Arts, describió este fenómeno como: “El poder de trascender nuestro propio interés, nuestra lente solipsista de la vida, y relacionarnos con el mundo con más integridad, más curiosidad, y siendo completamente sinceros”

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